Posteado por: Ignacio Martín Granados | 9 octubre 2011

Mira quien habla: embarazos y política

Este post se escribe cuando Carla Bruni ha sido ingresada en la clínica La Muette de París ante su inminente parto. El niño será el primero que nazca en el Elíseo siendo su padre presidente, otro ingrediente más a la historia de amor entre Nicolás Sarkozy y la ex topmodel que acabó en boda y llenó miles de páginas tanto de la prensa “seria” como la del corazón.

La noticia de la paternidad de un líder político en activo es, sin duda, un mecanismo que atrae la atención de los ciudadanos. Pero si hablamos de política, lo que nos importa en nuestro caso es que las audiencias escuchen su mensaje político, por lo que podremos haber captado el interés del ciudadano en la difícil economía de la atención, pero el verdadero trabajo de comunicación política viene después. No es suficiente con que a la gente le guste el espectáculo, la clave está en lo que suceda después y cómo se gestiona y capitaliza esa atención.

La paternidad en los presidentes o primeros ministros siempre genera aumentos de popularidad y simpatías. Socialmente pensamos que una persona, al llegarle la paternidad, aunque esta sea repetida como es el caso, se comportará de manera mucho más responsable y estable emocionalmente, igual que se piensa de los casados frente a los solteros. Por este motivo es un gran aliado del marketing político de un líder, ya que le unge de un plumazo atribuciones que de otra manera tendría que trabajar duramente. Evidentemente este clima favorable no dura eternamente, pero le posiciona en clara ventaja frente a sus oponentes, debiendo saber gestionar ese aumento de popularidad y confianza.

Así sucedió con Sarkozy cuando se anunció el embarazo de Carla Bruni. Pero, actualmente, las encuestas le dan como perdedor para las próximas elecciones y ha disminuido su popularidad, crisis económica mediante.

Y en el  Reino Unido ha sucedido de forma similar con los dos únicos primeros ministros, Tony Blair y David Cameron, que han sido padres durante su estancia en Downing Street. En el primer caso con cierta polémica incluida ya que el debate se centró en si Blair se acogería al permiso de paternidad, un derecho defendido activamente por su esposa y madre de su hijo, la abogada Cherie Booth. Y en el segundo, tras el lamentable fallecimiento del hijo mayor de Cameron, con parálisis cerebral y un extraño tipo de epilepsia.

En este sentido, precisamente esta semana la prensa se hacía eco de cómo tanto el lider laborista, Ed Miliband, como David Cameron ejercían de padrazos y exhibían a sus hijos en diferentes actos o se servían de ellos para aparecer como ejemplares padres de familia en busca de las atribuciones antes mencionadas. Y es que en la comunicación política asistir a los supermercados a coger en brazos y besar niños ya está demasiado visto.

En España no se ha dado todavía ningún caso de nacimientos en Moncloa y, siendo los candidatos de las próximas elecciones Rubalcaba  (60 años, sin hijos) y Rajoy (de 56 años y casado a los 41, dos hijos, de 12 y 6 años), parece que tampoco se dará en la próxima legislatura. Lo más parecido que podemos citar como caso de celebración familiar es la famosa boda de la hija de Aznar, pero con escasos réditos políticos para su artífice, más bien todo lo contrario, blanco de críticas megalómanas.


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