Posteado por: Ignacio Martín Granados | 16 febrero 2009

Crónica de la conferencia “Los debates electorales en España”

El pasado viernes tuve ocasión de acudir a la conferencia inaugural del IV Curso Superior de Dirección de Campañas Electorales, organizado por Mas Consulting, que tuvo como invitado a Manuel Campo Vidal. La conferencia y posterior coloquio, dirigido por Daniel Ureña, tenía como objeto hablar sobre “Los debates electorales en España“.
La verdad es que fue una charla muy interesante en la que Manuel Campo Vidal expuso con mucha claridad argumentos e ideas muy atractivas. Además, anunció que para mediados de marzo estará en las librerías el libro “El debate de los debates”, una compilación de artículos sobre los últimos debates televisados entre los candidatos José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy.

A continuación voy a exponer los puntos principales de la conferencia, que también me gustaría debatir con vosotros.

Empezó argumentando por qué sólo había habido debates entre candidatos presidenciales en dos ocasiones, pese a 30 años de democracia. En su razonamiento expuso que en las primeras elecciones (1977) la democracia estaba por hacer y que bastante logro fue que se pudieran presentar a las elecciones partidos que hasta hace unas semanas estaban en la clandestinidad (y aunque no lo dijo, acordaos de la sopa de partidos existentes). En las de 1979 el entonces presidente Adolfo Suarez no se lo concedió a Felipe González. En 1982 el Gobierno estaba en descomposición y caída libre (recordar también que ni siquiera el presidente, Calvo Sotelo, iba de número uno e incluso ni salió posteriormente de diputado). En las 1986, no les interesaba ni a Felipe González ni al candidato Fraga, argumento que se repitió en 1989, pero con Aznar de opositor. Fue en 1993 cuando sí que se dio el escenario propicio para que pudiera producirse el primer debate electoral televisado (Antena 3 y Telecinco) entre los dos principales candidatos (el Presidente del Gobierno Felipe González y el candidato José María Aznar).

Y esto fue posible porque, según Campo Vidal, se dieron tres condiciones:

  1. La previsión de un resultado electoral de empate técnico.
  2. Que el Presidente del Gobierno accediese a acudir a dicho debate.
  3. Y obviamente que el candidato en la oposición, también quisiera.

Según este argumentario, el debate se produjo en las elecciones de 1993, pero no pudo repetirse en el año 1996 porque no se dio la tercera de las condiciones. El candidato Aznar consideró que tenía más que perder que ganar si acudía al debate, ya que si recordamos el contexto político de la época, con muchos casos de corrupción política y un Gobierno muy desgastado, como la figura de Felipe González, era preferible jugar sobre seguro y no dar posibilidades al Gobierno de emerger.

En el año 2000, el debate debía haberse producido entre el presidente Aznar y el candidato socialista Almunia, pero al presidente no le interesaba “elevar a candidato con posibilidades de gobernar” a Almunia, quien tampoco insistió mucho en que el encuentro se produjera.

En  las elecciones de 2004 Rajoy no aceptó el debate, lo que le privó de desmarcarse de la designación oficialista de Aznar y erigirse con un liderazgo fuerte e independiente. Y así llegamos a las elecciones de 2008, en las que si vuelven a darse las tres condiciones anunciadas anteriormente.

debate-zapatero-rajoy-2008

¿Volverá a haber debates electorales en las próximas elecciones? Manuel Campo Vidal cree que es posible que sí, porque aunque no exista una situación de empate entre las principales fuerzas políticas, Rodríguez Zapatero será favorable a aceptarlo (igual que ha acudido al programa “Tengo una pregunta para usted”, pese a la situación adversa de crisis económica); y el líder de la oposición, si es Rajoy, irá y si fuese otro, lo necesitaría.

Más allá de los detalles puntuales de cada debate (todo sobre el primer debate Zapatero-Rajoy aquí), Campo Vidal quiso destacar las sensaciones que tuvo como moderador, sobre todo en el debate del pasado año (del primero de 1993, brevemente recordó que estaba todo por hacer y que había mucha más tensión entre los candidatos).
De una parte, la soledad sobre el plató. Se emitió desde el Palacio de Congresos, en una sala con capacidad para 3.000 personas en las que sólo estaban ellos tres, en contraste con la audiencia millonaria que lo siguió por televisión.
Y por otra parte, el riesgo. El riesgo como moderador de tener que tomar una decisión en un momento puntual, en directo, en un debate tenso, que pudiera acarrear las críticas de partidos y medios de comunicación.

En su conferencia siguió hablando de los problemas de los debates, como quién los abría o los cerraba; el reparto de tiempo (compensación de tiempos en el 93 VS. Tiempos tasados del 2008); etcétera, en los que tanto se han recreado los medios de comunicación, pero lo realmente preocupante fue determinar en qué televisión debía emitirse el debate (acordémonos que a 13 días de las elecciones todavía no se sabía).

Por otra parte, y tomando como referencia al periodista estadounidense Alan Schroeder (autor del libro “Debates presidenciales. 40 años de alto riesgo en televisión“), estableció algunas de las diferencias entre los debates electorales en España y en Estados Unidos. Eso sí, antes de nada, recordar que aunque siempre se pone como ejemplo a los Estados Unidos, tuvieron un parón de 16 años sin debates, desde el famoso de Kennedy y Nixon (1960) hasta el de Ford y Carter (1976).

Según Formato. En Estados Unidos no existe confrontación directa, la evitan, hablan con el otro candidato a través del moderador, aunque en el último debate  electoral entre Obama y McCain, por primera vez se dirigieron la palabra directamente. En España la conversación es directa, existe un mayor nivel de conflicto y enfrentamiento, y aunque puedan parecer monólogos de los candidatos, si que existen puntos de interacción y diálogo.

Existencia de intervenciones o preguntas del moderador, periodista o ciudadanos. En Estados Unidos se permiten estas preguntas, incluso los debates son con público, a veces en foros universitarios, otros con periodistas especializados… Y en España se concede todo el protagonismo a los candidatos, además de las complicaciones que en nuestro país plantearía un debate con público (¿se guardaría el mismo silencio sepulcral y profundo respeto existente en los debates americanos….?).

Entrada y salida cinematográfica. Si, una novedad que aporta España fue la retransmisión, como en los espectáculos deportivos, de la entrada y salida de los candidatos, lo que contribuía a crear expectación en el espectador y, lo más importante, nos permitía saber quien acompañaba a cada uno de ellos, que papeles traían, y otros indicadores de la comunicación no verbal que el cuerpo transmite.

Otro elemento diferenciador de los debates entre España y Estados Unidos es la soledad de los candidatos. Como ya se ha dicho, candidatos y moderador se encuentran en un plato vacío, rodeado de cámaras robotizadas y sin público. Mientras que en Estados Unidos los debates se hacen con público, que en algunos formatos son incluso quienes preguntan, y las esposas de los candidatos se encuentran entre dicho público, en España, las personas que acompañan se sitúan en la sala de invitados y la de prensa, en los que parece ser que se siguen los debates como un partido de fútbol…

Una cuarta diferencia es la entidad que organiza los debates. En Estados Unidos es la Comisión de Debates Presidenciales, institución que exclusivamente se dedica a organizarlos y que tiene patrocinadores (como Budweiser). En España, sin embargo, en esta última ocasión fue la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión, institución sin ánimo de lucro interesada en todo lo relativo a la televisión, y los debates se financiaron con el dinero de las televisiones que lo emitieron repartido según el share obtenido.

En el turno de preguntas, se le preguntó qué cambiaría para futuros debates, contestando que, evidentemente, trataría de que estuviera planificado con más tiempo, buscaría una ubicación más adecuada que no implicara construir un plató ad hoc, lo mantendría sin público, y la única novedad que introduciría sería la de incluir preguntas de los espectadores, aunque le plantea las dudas lógicas de quién las selecciona y por qué unas y no otras (realmente le gustaría que hubiera participación ciudadana, pero reconoció que estaba mejor canalizada en programas como “Tengo una pregunta para usted”). También completó su repuesta comentando que en principio no creía que el formato de preguntas por bloques a tres minutos más réplica y contrarréplica fuera el mejor, pero le dió agilidad y cree que se acertó.

Otra pregunta fue, y estaba tardando en salir, que cuánta incidencia en el voto creía que tenían los debates electorales. Se suele decir que los debates electorales favorecen a la izquierda, ya que moviliza su voto, ante una derecha mucho más disciplinada, sin embargo, en este caso, en el de Zapatero y Rajoy, argumentó que no había sido así ya que se movilizaron los militantes y simpatizantes de ambos partidos y salvo errores de bulto, los debates no son determinantes, aunque sirven para reafirmar a los votantes de los candidatos y facilitarles argumentos de explicación de su voto.

Finalmente, sentenció que lo importante es que se produzcan debates y, aventuró, si se enlazaban dos elecciones seguidas con debates electorales televisados, será muy difícil que no vuelvan a producirse. Y para reafirmar sus palabras, entresacó un párrafo del artículo escrito por el Secretario de Organización del PSOE, José Blanco, para el libro “El debate de los debates” (“Dejar la silla vacía nunca más será rentable”, en rigurosa primicia), en el que éste político dice que se debe establecer un marco para que se produzcan los debates, porque no se debe discutir si se producen o no, si o si; se deben producir los debates entre los principales candidatos con posibilidades de formar gobierno, sin excluir otros con más partidos representados; y los debates son un derecho de los ciudadanos y no un privilegio de las cadenas.

Aunque me dejo cosas en el tintero, siento haber escrito una entrada tan larga, pero creo que merecía la pena contarlo aquí.


Responses

  1. Muy buen post, enhorabuena por el resumen y por facilitarnos la información a los que no pudimos asistir!

  2. Tranquilo que para el que le interesa no se hace nada largo.
    Me quedo con 2 ó 3 detalles que comentas:
    1-Estoy de acuerdo en que no puede haber ningún factor externo (público, preguntas de la gente…) y no porque no vayan a aportar nada sino porque (no sé si estás de acuerdo conmigo) en España hemos entrado en una dinámica en la que por un lado parece que todo vale y por el otro todo es sospechoso de estar manipulado por alguien. Si se añadieran esos elementos externos que comento creo que al final el post debate estaría demasiado contaminado y al supuesto perdedor le serviría de excusa para desviar la atención de lo principal.
    2-También me quedo con la poca utilidad, en términos de votos, de los debates. Yo soy seguidor de ellos pero me gusta aún más las tertulias posteriores, tanto en radio como en televisión. En Marzo escuché media hora La Cadena Ser y media la COPE, me parecía increíble que estuvieran hablando del mismo acontecimiento. Se ha perdido (si es que algún día existió) la objetividad, me encantaría escuchar a un afiliado del PP decir que su candidato no ha estado bien o viceversa con el PSOE.
    3- Y por último, que tampoco quiero aburrir, me ha sorprendido el dato del debate del 2000 en el que ninguno de los dos candidatos tuvo interés por debatir. Creo que a los dos les interesaba: a Aznar porque le venía un rival de rebote tras la marcha de Josep Borrel. Y a Almunia porque necesitaba quitarse esa vítola de segundón y demostrar que era válido. No sé, me llama la atención el conformismo de los líderes políticos en aquel momento.
    Un saludo a todos.

  3. Gracias @Albert

    @Alberto, contribuyo al debate:
    1. Si, es un déficilt de la cultura democrática. El debate estaría plagado de “toses”, risas, comentarios, etcétera que depistarían a los candidatos y asistiríamos a un espectáculo bien distinto.

    2. Aquí discrepo. Los debates tienen su función (de ofrecer argumentos a los seguidores de un candidato y movilizarlos principalmente, amén de dar una imagende estadista) y para los que no lo tienen decido, ese porcentaje de votante de centro del que siempre se habla en las elecciones y tan codiciado por los grandes partidos (“cacht-all-parties”) el debate puede ser decisivo, no tanto por elegir claramente a un candidato sino por descartar al que se ha visto peor. Hay que tener en cuenta que no siquiera las campañas electorales influyen mucho en los ciudadanos (se habla de entre un 10 y un 20% de los elecores), pero ese 10% que decide su voto gracias a la campaña o el debate es el que inclinará la balanza a favor de uno u otro.

    Ah, y respecto a la supuesta objetividad de los medios de comunicación, pues tu lo has dicho, cada vez más ideologizados.

    3. No aburres, te agradezco tus comentarios, que para eso escribe uno🙂
    A Aznar no le interesaba celebrar el debate con Almunia porque en ese momento le hacía presidenciable. Por el mero hecho de aceptar un debate estás poniendo al contrario a tu altura y lo que le interesaba era despreciarle políticamente. Acuérdate de lo “subidito” que estaba Aznar por la época….

    Venga, seguimos…
    Un abrazo

  4. Volviendo un poco a lo de que no hay preguntas del exterior ni nada que condicione, fíjate que aun así yo escuché en algunos medios críticas a los dos moderadores, en especial a Campo Vidal, sobre pequeños detalles que hacían “presentir” que estaba más posicionado a favor de Zapatero. ¡Bendito ojo el que pudo verlo!

    Respecto al punto 2, es verdad que no había pensado en la posibilidad de que el debate sirviera no tanto para elegir como sí para descartar, sobre todo en ese porcentaje (10-20%) de indecisos. Mi opinión es que en los debates de 2008 no hubo ninguno que destacara especialmente ni para bien ni para mal, creo que para la historia quedarán más los de Aznar y González.
    Está claro que la humildad nunca ha sido el fuerte de Aznar. De todas formas, ¿no crees que la imagen que dio Almunia al no querer debatir fue derrotista? Tenía pocas posibilidades de destacar viniendo como venía y si hubiera hecho unos buenos debates quizás una parte del electorado le hubiera visto con otros ojos (aunque como dices, nunca se habría celebrado ya que al Presidente de entonces no le hacía falta).
    Y ya que estoy te pregunto, ¿consideras acertado que los debates siempre sean PP-PSOE, o establecerías alguna formula para que intervinieran más partidos?

  5. Si, eso siempre suele ocurrir. Sin embargo, Manuel Campo Vidal comentó que ambos partidos le felicitaron por su moderación. Ya sabes, la culpa siempre es de los otros, del mensajero…

    Efectivamente, en los debates Zapatero-Rajoy no destacó sobremanera nadie. Pero claro, de Rajoy se esperaba que desbancara a Zapatero y sucedió lo contrario. Aunque el presidente tampoco tuvo una interención brillante, si fue solvente y eso fue suficiente.

    Si, de acuerdo, fue una postura conservadora, pero porque no se sentía seguro y su liderazgo interno también estaba cuestionado, como actualmente le pasa a Rajoy.

    Es un asunto complicado, porque en aras de la pluralidad democrática, lo aconsejable es que los debates fueran con todos los candidatos, por lo menos con representación parlmanetaria, pero eso lo haría menos atractivo televisivamente. Habría que hacer los debates temáticos para poder hablar de los asuntos en “profundidad”, pero la réplica y contrarréplica sería un jaleo. También hay que atender a la representación en cada lugar, por ejemplo, en el País Vasco, el debate sería PNV-PSOE, y en Galicia se planteaba PP-PSOE-BNG, o por complicarlo, en Cataluña debería ser PSC-ERC-LV-PP… Um, asunto a reflexionar, prometo que algún día escribiré sobre este tema una entrada con más detalle.

    Alberto, gracias por tus comentarios.

  6. […] Y, relacionado con el tema, quizá te pueda interesar este post sobre la conferencia “Los debates electorales en España” […]


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