Posteado por: Ignacio Martín Granados | 2 diciembre 2008

Minutos musicales: in memoriam

Este 1 de diciembre han fallecido dos importantes iconos de la canción de autor española, que además contribuyeron a engrandecer la tradición musical en catalán y euskera. Sirva desde aquí este pequeño homenaje a Mikel Laboa y Joan Bautista Humet.

 

Txoria txori (El pájaro), la canción de Mikel Laboa que más fama ha cosechado, publicada en su disco  más importante Bat-Hiru (1974). En él se produce la tan buscada y no siempre encontrada síntesis entre la tradición oral y el ejercicio contemporáneo. Es un canto de y para la libertad, sobre la esencia de la libertad. Ser pájaro es una manera de ser canción, volar es un modo de cantar, de aparecer en un instante abierto e intenso, y luego desaparecer, dejando la estela, el rumor, el recuerdo.

Hegoak ebaki banizkio
nerea izango zen,
ez zuen aldegingo.
Bainan, honela
ez zen gehiago txoria izango
eta nik…
txoria nuen maite.

Si le hubiera cortado las alas
habría sido mío,
no habria escapado.
Pero así,
habría dejado de ser pájaro.
Y yo…
yo lo que amaba era un pájaro.

 

Joan Baptista Humet, cantautor de corte singular, desmarcado de la canción de autor clásica, nos dejó la fantástica Clara (1980), tema con que se dio a conocer en Iberoamérica, y una de las primeras canciones en hablar de las desgracias de la adicción a las drogas en castellano.

Clara,
distinta Clara,
extraña entre su gente, mirada ausente.

Clara,
a la deriva,
no tuvo suerte al elegir la puerta de salida.

Clara,
abandonada
en brazos de otra soledad.

Esperando hacer amigos por la nieve
al abrigo de otra lucidez,
descubriendo mundos donde nunca llueve,
escapando una y otra vez.

Achicando penas
para navegar…
estrellas negras vieron por sus venas
y nadie quiso preguntar.

Clara
se vio atrapada,
abandonó el trabajo,
se vino abajo.

Clara
languidecía
perdida en un camino de ansiedades y ambrosías.

Clara
no dijo nada
y un día desapareció.

Recorriendo aceras dicen que la vieron
ajustando el paso a los demás,
intentando cualquier cosa por dinero
para incarse fuego una vez más.
 
Esa madrugada
Clara naufragó,
tenía el mar de miedo en la mirada,
las ropas empapadas
y el suelo por almohada,
y lentamente amaneció.


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